Escribe: Jorge Jaime Valdez

Antonio Gonzales Paucar (Aza, 1973) es un artista con corazón andino y residencia alemana. Su arte ha logrado abrirse paso en un medio tan difícil y sus raíces andinas han logrado crecer y florecer  en la distante y vieja Europa. Estudió Bellas Artes, y una maestría con la maestra Rebecca Horn en Alemania. El 2004 estudió Arte en Londres. Ha participado en diferentes muestras colectivas y en festivales de performance en Europa. Su primera muestra  en Lima fue en la galería (E)star en febrero de este año.

El arte que trabaja es el performance, pero también hace instalaciones, video arte, intervenciones, fotografía, dibujos, esculturas, o mezcla todas éstas en trabajos muy originales, que tienen muchísimo éxito en Europa, pero en Huancayo es desconocido y poco valorado.

El universo del artista es lúdico, pero también profundamente humano al estilo de Vallejo, y su imaginación desborda en recuerdos de su infancia y del Perú profundo que vive y sufre y que lleva en el cuerpo como otra  sangre. En  “Zapatos que rompen el silencio”, uno de sus trabajos más reconocidos, vemos miles de puntos negros que forman una silueta  humana, debajo sólo se observan dos zapatos, si nos acercamos vemos que esos puntos negros son moscas muertas colgadas, que vibran al menor movimiento o proximidad de las personas de carne y hueso, esta es un metáfora extraordinaria sobre la levedad de la vida y la condición humana, obviamente ese trabajo enorme no se puede conservar, es único e irrepetible, porque la carne sufre y se pudre, sólo queda el registro fotográfico de la instalación.

Otro trabajo hermoso es “Danzando con mis luciérnagas”, en la profundidad de la noche vemos una silueta con miles de luces a su alrededor que se mueve en la oscuridad, esas luces de colores iluminan la noche en una explosión de formas, de colores, convirtiéndose en un baile sensual, es un “castillón” humano que nos recuerda las fiestas patronales, las luces se van apagando y la noche continúa, es sólo una visión fugaz, es como la felicidad momentánea y efímera que se nos escapa a cada rato de las manos.

En la mayoría de los trabajos está presente su cuerpo, como protagonista e instrumento para transmitir conceptos, su arte entabla vínculos humanos entre el artista y los espectadores que pueden ser convocados o circunstanciales, su arte se puede desarrollar en una galería, en solitario o en la calle, nunca se sabe, pero siempre su cuerpo es utilizado con gran plasticidad, su expresión corporal manifiesta un control absoluto del espacio, de la mente y del cuerpo, resultado de muchos años de entrenamiento.